jueves, 7 de marzo de 2013

Cohabitación entre Windows y Linux

Resto de entradas con intenciones didácticas en la etiqueta Aprendizaje.

Como ya hemos dicho, puede resultar duro pasar de un sistema operativo eminentemente gráfico e intuitivo como Windows a otro que, para sacarle todo su rendimiento, requiere la entrada de comandos por teclado. El proceso de cambio a Linux puede resultar un tanto penoso al principio, para qué engañarse, pero hay formas de hacerlo algo más liviano.

Si no queremos perder la seguridad que nos proporciona tener ahí nuestro Windows entonces lo mejor es que ambos sistemas cohabiten, al menos durante un tiempo, para lo cual hay varias maneras:

1. Windows preinstalado y Linux como segundo sistema operativo.
Si su PC o laptop (ordenador portátil) trae una versión de Windows preinstalada puede instalar una distribución Linux y funcionar con ambos sistemas a la vez, eligiendo durante el arranque con cual quiere funcionar. Para ello tiene que introducir en su reproductor de disco la distribución elegida (vamos a suponer que Ubuntu), la cual se puede descargar de su sitio original en formato imagen ISO para, después, "quemarla" en un CD o DVD, o en un pendrive, con un software tipo Nero o similar. Una vez hecho esto, introducimos el disco o el lápiz USB en el lector y reiniciamos el ordenador. En el inicio del arranque pulsamos F11 (así al menos es en mis máquinas, pero esa indicación aparecerá en pantalla, por lo que hay que estar atento no sea que en los ordenadores modernos la tecla no sea la misma) para escoger la unidad desde la que queremos arrancar el sistema. Elegimos la unidad CD o DVD de forma que al darle OK el sistema leerá en primer lugar el contenido de esa unidad de disco. Al detectar un programa de instalación lo ejecutará de inmediato y, a partir de ahí, solo habrá que seguir las instrucciones por pantalla (espero hablar del proceso de instalación con más profundidad más adelante). El resultado, una vez finalizado, será que Ubuntu ha implementado un arranque dual mediante el programa Grub que nos permitirá elegir con qué SO queremos trabajar, si con Windows o con Ubuntu.

2. Windows preinstalado y Linux virtualizado, o al revés.
Presuponiendo lo mismo de la opción anterior, una máquina con Windows de serie, lo que podemos es virtualizar Ubuntu utilizando el programa VirtualBox. Hay otros, pero yo solo he utilizado este, es el que conozco y pienso que funciona bien. Este software permite instalar un sistema operativo residente dentro de otro que actúa de anfitrión. El efecto práctico es que, en nuestro caso, Ubuntu funcionaría dentro de Windows como si fuera una aplicación más, pudiendo instalarle sus propias aplicaciones que funcionarían dentro del Ubuntu virtualizado. Existe, además, la posibilidad de declarar carpetas o directorios compartidos entre Windows y el Ubuntu virtualizado, pudendo así compartir sus contenidos y pasarlos de un sistema a otro.
Yo solo he funcionado a la inversa, con Windows virtualizado dentro del Ubuntu anfitrión, y el resultado ha sido bastante satisfactorio. Es especialmente útil cuando no conseguimos configurar adecuadamente un periférico; con dos sistemas operativos es difícil que lo que no te funcione en uno tampoco funcione en el otro.

3. Instalación independiente en dos discos duros
En este caso, que es el mío, hacen falta dos discos duros dentro de la CPU. Instalé Ubuntu en el disco principal (llamémosle HD1) habiendo desenchufado previamente el segundo disco (que será HD2) para que el sistema no fuera capaz de encontrarlo. Y con desenchufar me refiero a abrir la caja de la CPU y desconectar físicamente el HD2 tanto de la placa base como de la fuente de alimentación (es más sencillo de lo que parece, créanme). Una vez finalizado satisfactoriamente el proceso de instalación, apagamos el PC, desconectamos el HD1, donde hemos instalado Ubuntu, y reconectamos el HD2, donde vamos a instalar Windows. Encendemos, introducimos en disco de instalación de Windows en la unidad lectora, reiniciamos, pulsamos F11, elegimos la unidad CD/DVD como unidad de arranque y, al arrancar el sistema solo encontrará el único disco duro que en ese momento se encuentra conectado, el HD2. Se iniciará el proceso de instalación y, al terminar, tendremos Ubuntu y Windows plenamente instalados pero de manera completamente independiente uno del otro, el primero en HD1 y el segundo en HD2. De esta forma, una gamba metida en uno no afectará en nada al otro. Solamente hay que recordar que, cada vez que encendamos el ordenador, hay que pulsar F11 en el momento adecuado para elegir la unidad de arranque, HD1 para Ubuntu y HD2 para Windows (recordemos que HD1 y HD2 son nombre ficticios). No hacerlo solo conllevará que el ordenador iniciará desde la unidad de arranque que venga determinada por defecto en el menú del BIOS.

4. Instalar uno de los sistemas operativos en un disco duro externo
Sería una variación de la opción número 3, pero he de confesar que no he probado esta alternativa. Se trataría de enchufar un disco duro externo a un puerto USB y, al margen del sistema operativo presente en el propio ordenador, elegirlo como ubicación del SO alternativo durante el proceso de instalación. Pero repito, nunca lo he probado y ni si siquiera se si es viable, pero si alguien se anima a probar estaría bien que nos contara como le fue la experiencia.

Hablamos de compartir espacio, de una especie de unión entre entidades similares. Con mucho más dramatismo hablan de ello los rockeros góticos HIM en el tema "Join me in dead".